jueves, 9 de agosto de 2018
SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (EDITH STEIN)
Para conocerla un poco más.
Es bastante amplio el artículo de la Wikipedia cuyo enlace adjunto.
También el de Philosophica que es una enciclopedia online.
https://es.wikipedia.org/wiki/Edith_Stein
http://www.philosophica.info/archivo/2011/voces/stein/Stein.html
miércoles, 8 de agosto de 2018
JORGE MANRIQUE Y LAS COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE
COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE (Fragmentos)
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
…
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.
Este mundo bueno fue
si bien usáramos de él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos.
Aun aquel Hijo de Dios,
para subirnos al cielo
descendió
a nacer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.
Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos:
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.
Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
el color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.
«No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.
Oración:
Tú, que por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y bajo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.»
Fin:
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio
(en cual la dio en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió
dejónos harto consuelo
su memoria.
Dos tendencias —la que se mueve de una lamentación privada hacia una meditación genérica, y la que va de una apreciación valorativa de la muerte hasta una actitud puramente negativa— se hallan representadas en (el texto) de la Dança general de la Muerte[1]; idénticas directrices, de signo contrario, empero, las encontramos en uno de los más famosos poemas hispánicos de todos los tiempos, las Coplas que fizo a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Encarna este autor (h. 1440-1479), en la mayoría de sus facetas, al tipo de poeta aristocrático de su tiempo. Escribió sus obras en los momentos que su activa vida le dejaba libres —se trata de un soldado que murió en campaña— y sus poemas, de los que conservamos alrededor de cincuenta, versan en su mayor parte de temas amorosos.
En éstos empleó Manrique los conocidos recursos de los poetas de cancionero. Construye una esparsa[2] a base de juegos de palabras, y en dos poemas (un acróstico y una variante de dicho género) incorpora el nombre de su esposa Guiomar —nótese de paso que se trata de poesías de amor cortés pero dentro del matrimonio—. Las canciones de Manrique revelan gran habilidad técnica y valen más en su conjunto que sus esparsas; sus decires —más largos, desde luego— están igualmente logrados, pero su mayor interés reside en los temas y las imágenes. De la profession que hizo en la orden del Amor emplea hábilmente la metáfora de una orden religiosa para subrayar la devoción amorosa del poeta: los votos de pobreza y obediencia siguen sin cambiar, pero la castidad se sustituye por la constancia. En dos poemas más, la metáfora amorosa no proviene de la religión sino de la guerra: se trata del castillo y del asedio. En la Escala de amor, la beldad y la mesura de la amada escalan el muro de la libertad del poeta, abriendo paso luego para el amor. El Castillo de amor, poema más largo en octosílabos con pie quebrado, emplea de manera distinta la misma imagen fundamental: el poeta es vasallo de la amada, y defiende el castillo de su amor contra la mudanza, el olvido y otros enemigos, sin olvidar que describe al castillo alegórico del amor con todos los pormenores de una auténtica fortaleza medieval.
Además de sus poesías amorosas y de las famosas Coplas, Manrique compuso tres poemas satírico-burlescos, dos de ellos de gran interés. Las Coplas a una beuda nos muestran a una mujer borracha que dejó su falda en prenda para comprar más vino; la mayor parte del poema la constituye su rezo a varios santos. El asunto y la actitud del autor nos recuerdan al Arcipreste de Talavera, pero la técnica de los dos autores es distinta. Un combite que hizo a su madrastra (que era también su cuñada) revela a la vez una marcada malevolencia que debe ser resultado de graves disensiones dentro de la familia, además de una fértil imaginación satírica:
Entrará vuestra merced,
porqu’es más honesto entrar,
por cima d’una pared
y dará en un muladar.
Entrarán vuestras donzellas
por basco d’un albollón,
hallaréys luego un rincón
donde os pongáis vos y ellas [...]
Y el arroz hecho con grasa
de un collar viejo, sudado,
puesto por orden y tasa,
para cada uno un bocado;
por açúcar y canela,
alcrevite por ensomo,
y delante el mayordomo
con un cabo de candela.
(págs. 81-85)[3]
Aun de no habernos dado las Coplas, tendríamos que considerar a Manrique como uno de los poetas de mayor importancia en el reinado de Enrique IV.
Murió el padre del poeta, Rodrigo Manrique, en 1476, pero las Coplas se compusieron probablemente poco antes de la propia muerte del autor. Escritas en octosílabos con versos de pie quebrado, contienen los tópicos doctrinales y retóricos de la Edad Media, lo que las priva de una originalidad intelectual que compensa con creces su fuerte pathos emotivo. Se inicia el poema con unas consideraciones de tipo general en torno a la vida y la muerte; presenta luego algunas siluetas de hombres ilustres ya desaparecidos, para enfrentarnos, por último, con el más recientemente finado, don Rodrigo. Las alusiones a los muertos famosos constituyen otro caso más del conocido tópico de ¿Ubi sunt?[4], pero Manrique, a diferencia de muchos autores medievales, alude a los hombres del pasado reciente, tan conocidos a sus lectores que puede prescindir de los nombres de muchos de los difuntos. Nos ofrece una vivaz evocación de la vida de la corte, y aun es muy posible que su descripción de las justas y fiestas recuerde unas fiestas famosas, las de Valladolid en 1428. Después de aludir a la Castilla del siglo XV, el poeta nos presenta a su padre visto a través de la comparación con famosos personajes de la historia romana, compartiendo la cualidad de más relieve que ofrece cada uno, para terminar presentándolo por sí mismo. Cierra el poema la visita respetuosa de la Muerte a Rodrigo, quien la recibe como la corona a una existencia virtuosa. Tal vida —nos dice el poeta— alcanza la fama; ésta, en realidad, se marchita, no obstante, dejando lugar a «estotra vida tercera»: la del cielo. Don Rodrigo ha conseguido a la vez la salvación y la fama, en lo que se fundamenta el consuelo de sus familiares.
La imagen que domina las Coplas es la del viaje: las vidas individuales son ríos que fluyen hacia el mar; todos los hombres, si se escapan de la celada tendida por la Muerte en medio de sus placeres, llegan al arrabal de la senectud; la Muerte invita a don Rodrigo a partir con buena esperanza. Dentro del cuadro de esta imagen primordial se colocan otras: el fuego, el rocío, la hierba (el origen bíblico de ésta queda patente). Las dos últimas son imágenes de lo transitorio de la vida en este mundo (…).
Profundamente afectado por el fallecimiento de su padre (quizá también por las premoniciones de la suya propia), le era urgente el resolver los problemas tanto de tipo intelectual como emocional que aquélla le planteaba, y alcanza salir victorioso en su búsqueda de consuelo de un modo que habría sido frecuente en la temprana Edad Media, pero que era inusitado en los tiempos turbulentos y angustiados de Enrique IV. Se vuelve, pues, Manrique hacia una posición más primitiva y equilibrada, si la cotejamos con el pesimismo del otoño medieval visible en la Dança. El único aspecto en el que las Coplas revelan cierto influjo del Renacimiento es quizá el acento que se coloca sobre la fama en cuanto premio a una vida virtuosa, aunque este matiz aparezca decididamente subordinado a consideraciones religiosas características de la Edad Media.
Los tópicos empleados por Manrique no ocultan sus propias emociones, sino que las expresan gráficamente, y hasta es posible que éstas fueran algo más complejas de lo que parece a primera vista. Ya hemos comentado el poema satírico dirigido a la madrastra-cuñada del poeta, y su probable origen en disensiones familiares que habrían aumentado con el tiempo. Es posible que las bodas del poeta y su padre con dos hermanas provocasen emociones ambivalentes, y que el dolor que le ocasionó la muerte del padre fuese complicada por el remordimiento a causa de disensiones pasadas. Todo esto queda en un terreno de hipótesis interpretativa, pero lo cierto es que, de haber semejante conflicto de emociones, la necesidad de una resolución artística del problema sicológico resultaría más urgente.[5]
[1] La Dança general de la Muerte, compuesta en castellano a finales del siglo XIV o ya en el XV, y su versión ampliada impresa en Sevilla en 1520, no van, sin embargo, acompañadas de tales ilustraciones; quizá sea esto la razón por que hacen menos hincapié en la corrupción física, aunque presenten a veces una macabra plasticidad y rezumen pesimismo. Parece que las danzas de la muerte surgieron en Europa en el siglo XIV, y que se hallan emparentadas con el pesimismo universal que invadió los últimos estadios de la Edad Media, obedeciendo a un complejo número de causas, entre las que hay que mencionar el desastre económico y demográfico que produjera la peste negra. Los sermones de los frailes que urgían al arrepentimiento llamaron la atención hacia la idea de la muerte, de modo especial en sus aspectos negativos, pero no se ha dado todavía con una satisfactoria fuente literaria de las danzas de la muerte, cuyo auténtico origen ha de buscarse en el ambiente social e intelectual de la época.
[2] Esparsa o esparza, es un poema monoestrófico de ascendencia trovadoresca que evoluciona junto a la canción y el villancico. Tiene origen occitano, aunque la forma castellana sólo se remonte a ella indirectamente. Es precursora del madrigal y del epigrama.
[3] Para más detalle sobre este poema satírico Cf. http://regusto.es/2015/04/26/festin-burlesco-para-una-madrastra/
[4] Ubi sunt es un tópico literario mediante el cual el poeta se pregunta por el paradero de los que han muerto. Viene de la frase en latín Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere? ("¿Dónde están o qué fue de quienes vivieron antes que nosotros?").
[5] Fragmento extraído de A. D. Deyermond, Historia de la Literatura Española 1, La Edad Media, Ed. Ariel, Barcelona, 1999, pp. 341-346.
lunes, 6 de agosto de 2018
Un poeta y un poema
Amado Nervo
(27 de agosto de 1870 Tepic, México - +24 de mayo de 1919 (48
años), Montevideo, Uruguay
Amado Nervo, seudónimo de Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y
Ordaz, fue un poeta y prosista mexicano, perteneciente al movimiento
modernista. Fue miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua,
no pudo ser miembro de número por residir en el extranjero.
Poeta, autor también de novelas y ensayos, al que se
encasilla habitualmente como modernista por su estilo y su época, clasificación
frecuentemente matizada por incompatible con el misticismo y tristeza del
poeta, sobre todo en sus últimas obras, acudiéndose entonces a combinaciones
más complejas de palabras terminadas en "-ismo", que intenta reflejar
sentimiento religioso y melancolía, progresivo abandono de artificios técnicos,
incluso de la rima, y elegancia en ritmos y cadencias como atributos del estilo
de Nervo.
El sonoro nombre de Amado Nervo, frecuentemente tomado por seudónimo,
era en realidad el que le habían dado al nacer, tras la decisión de su padre de
simplificar su verdadero apellido, Ruiz de Nervo. Él mismo bromeó alguna vez
sobre la influencia en su éxito de un nombre tan adecuado a un poeta.
EN PAZ
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me
diste ni esperanza fallida,
ni trabajos
injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final
de mi rudo camino
que yo fui el
arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las
mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas
puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté
rosales, coseché siempre rosas.
...Cierto, a mis
lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me
dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda
largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste
tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve
algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el
sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me
debes! ¡Vida, estamos en paz!
sábado, 23 de junio de 2018
San Juan Bautista, San Francisco de Asís y el Cordero por El Greco
“Es necesario que Él crezca…”
San Juan Bautista somos nosotros esperando convertirnos
En el Cordero, pequeño y manso, que en silencio da la vida.
![]() |
Así seremos Luz en la Luz.
Como el pequeño y manso Francisco.
Creció Cristo en él
hasta la estatura del Hombre Nuevo.
|
![]() |
¡Queridos testigos del Cordero!
¡Ayúdennos a morir al pecado,
A ser Juanes y Franciscos
A ser Corderos!
|
viernes, 22 de junio de 2018
Santo Tomás Moro
Nació en el corazón de la ciudad
de Londres (Inglaterra), en su casa familiar de Milk Street, el 7 de febrero de
1478. Fue el hijo mayor de sir John More, mayordomo del Lincoln's Inn (uno de
los cuatro colegios de abogados de la Ciudad de Londres), jurista y
posteriormente nombrado caballero y juez de la curia real; y de su mujer Agnes
More (de soltera, Graunger). En 1486, tras cinco años de enseñanza primaria en
la antigua Escuela de San Antonio (Saint Anthony's School), una destacada
escuela de gramática de Londres, además de ser la única gratuita, fue conducido
según la costumbre entre las buenas familias al palacio de Lambeth, donde sirvió
como paje del cardenal John Morton, arzobispo de Canterbury y Lord Canciller de
Inglaterra.
El cardenal era un ferviente
defensor del nuevo humanismo renacentista y tuvo mucha estima al joven Moro. Confiando
en desarrollar su potencial intelectual, Morton decidió, en 1492, sugerir el
ingreso de Tomás Moro, que por entonces contaba con catorce años, en el
Canterbury College de la Universidad de Oxford, donde pasará dos años estudiando
la doctrina escolástica que allí se impartía y perfeccionando su retórica,
siendo alumno de los humanistas ingleses Thomas Linacre y William Grocyn. Sin
embargo, Moro se marchó de Oxford dos años después sin graduarse y, por
insistencia de su padre, en 1494 se dedicó a estudiar leyes en el New Inn de
Londres y, posteriormente, en el Lincoln's Inn, institución en la que había
trabajado su padre. En 1496 comenzó a ejercer la abogacía ante los tribunales.
Posiblemente durante esta época aprendió el francés, necesario tanto para las
cortes de justicia inglesas como para el trabajo diplomático, uniéndose este
idioma al inglés y latín ya aprendidos durante sus estudios primarios.
En torno a 1497, comenzó a
escribir poesías, con una ironía que le valió cierta fama y reconocimiento. En
esta época tiene sus primeros encuentros con los precursores del Renacimiento,
conociendo a Erasmo de Róterdam, con quien entablaría amistad, y a John
Skelton.
Hacia 1501 ingresó en la Tercera
orden de San Francisco, viviendo como laico en un convento cartujo hasta 1504.
Allí se dedicó al estudio religioso. Alrededor de 1501 tradujo epigramas
griegos al latín y comentó De civitate
Dei, de san Agustín de Hipona. A través de los humanistas ingleses tuvo
contacto con Italia. Tras realizar una traducción (publicada en 1510) de una
biografía de Giovanni Pico della Mirandola escrita por su sobrino
Gianfrancesco, quedó prendado del sentimiento de la obra que adoptó para sí, y
que marcaría definitivamente el curso de su vida.
Al abandonar el convento de los
cartujos, en 1505, contrajo matrimonio con Jane Colt y ese mismo año nació su
hija Margaret, quien fue su discípula. Habiendo abandonado la Orden de los
Cartujos, se recibió en leyes y ejerció la abogacía con éxito, en parte gracias
a su preocupación por la justicia y la equidad; más tarde sería juez de pleitos
civiles y profesor de Derecho.
En 1506 nació su segunda hija,
Elizabeth. Ese año tradujo al latín a Luciano de Samosata con ayuda de Erasmo.
Un año más tarde nació Cicely, su tercera hija. Tomás Moro era pensionado y
mayordomo en el Lincoln's Inn, donde dictó conferencias entre 1511 y 1516. En
1509 nació su hijo John. Moro participó en gestiones entre grandes compañías de
Londres y Amberes. Ese mismo año escribió poemas para la coronación de Enrique
VIII. En 1510 fue nombrado miembro del Parlamento y vicesherif de Londres. Un
año más tarde murió su esposa Jane y se casó con Alice Middleton, viuda siete
años mayor que Moro y con una hija, Alice.
Miembro del Parlamento desde
1504, Tomás Moro fue elegido juez y subprefecto en la ciudad de Londres, y se
opuso a algunas medidas de Enrique VII. Con la llegada de Enrique VIII,
protector del humanismo y de las ciencias, Moro integró el primer Parlamento convocado
por el rey en 1510.
Moro viajó por Europa y recibió
la influencia de distintas universidades. Desde allí escribió un poema dedicado
al rey, que acababa de tomar posesión de su trono. La obra llegó a manos del
rey, que hizo llamarlo, naciendo a partir de entonces una amistad entre ambos.
La obra de Moro Historia de Ricardo III (History of King Richard III, c. 1513-1518),
escrita en latín e inglés, aunque inconclusa, fue impresa en inglés de forma
imperfecta en la Crónica (Chronicle) de Richard Grafton (1543) y usada por
otros cronistas de la época como John Stow, Edward Hall y Raphael Holinshed,
transmitiendo así material a William Shakespeare para su obra Ricardo III.
En 1515, Tomás Moro fue enviado
con una embajada comercial en Flandes. Ese año escribió el libro segundo de
Utopía y un año más tarde el libro primero; la obra completa fue publicada en
Lovaina. En 1517 Tomás Moro entró a trabajar para el rey Enrique VIII: se lo
nombró Master of requests y pasó a ser miembro del Consejo Real. Enrique VIII
se sirvió de su diplomacia y tacto, confiándole algunas misiones diplomáticas
en países europeos. Fue enviado en misión extranjera a Calais desde agosto a
septiembre de 1517, para resolver problemas mercantiles.
En 1520 ayudó a Enrique VIII a
escribir la Assertio Septem Sacramentorum
(Defensa de los siete sacramentos). A ello siguió su designación para
diferentes cargos y su condecoración con distintos títulos honoríficos. En 1521
fue honrado con el título de knight
(caballero) y designado vicecanciller del Tesoro. Ese mismo año su hija
Margaret se casó con William Roper, quien sería el primer biógrafo de Tomás
Moro. En 1524 fue nombrado High Steward
(censor y administrador) de la Universidad de Oxford, de la que había sido
alumno. En 1525 fue nombrado también High
Steward de la Universidad de Cambridge y canciller del Ducado de Lancaster.
En 1526 fue juez de la Cámara de la Estrella. Trasladó su residencia a Chelsea
y escribió una carta a Iohannis Bugenhagen defendiendo la supremacía papal. En
1528, el obispo de Londres le permitió leer libros heréticos para refutarlos.
Finalmente, se lo designó Lord Canciller en 1529. Fue el primer canciller laico
después de varios siglos.
En 1530 no firmó la carta de
nobles y prelados que solicitó al papa la anulación del matrimonio real. En
1532 renunció a su cargo de canciller. En 1534 se negó a firmar el Acta de
Supremacía que representaba un repudio a la supremacía papal. El Acta
establecía condena a quienes no la aceptaran y el 17 de abril del mismo año
Moro fue encarcelado. Fue decapitado el 6 de julio de 1535.
Arriba, boceto de un retrato familiar
de Tomás Moro (ca. 1527), realizado por Hans Holbein el Joven. El astrónomo Nicolás
Kratzer, amigo de Holbein y tutor de los hijos de Moro, añadió los nombres y edades
de los miembros de la familia en tinta marrón. Abajo, Tomás Moro y su familia
(1592), obra de Rowland Lockey que sigue el boceto de Hans Holbein.
El rey Enrique VIII se enemistó
con Tomás Moro debido a las desavenencias surgidas en torno a la validez de su matrimonio
con su esposa Catalina de Aragón que Tomás, como Canciller, apoyaba. Enrique
VIII había pedido al papa la concesión de la nulidad de su matrimonio con Catalina
de Aragón y la negativa de este supuso la ruptura de Inglaterra con la Iglesia
de Roma y el nombramiento del rey como cabeza de la Iglesia de Inglaterra.
El monarca insistió en obtener la
nulidad de su matrimonio a fin de poder casarse nuevamente para conseguir su
deseo de tener un hijo varón, que Catalina de Aragón no podía ya darle. La
nulidad habría borrado la infidelidad y le hubiera permitido un matrimonio
válido a los ojos de la Iglesia católica, legitimando los hijos que pudiera
tener de su matrimonio con Ana Bolena y todo habría quedado en un asunto intrascendente.
Las sucesivas negativas de Tomás Moro a aceptar algunos de los deseos del rey
acabaron por provocar el rencor de Enrique VIII. Luego de la ruptura con Roma,
y tras negarse Moro a pronunciar el juramento que reconocía a Enrique como
cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, el rey lo encarceló en la torre de
Londres.
Finalmente el rey, enojado, mandó
juzgar a Moro, quien en un juicio sumario fue acusado de alta traición y
condenado a muerte (ya había sido condenado a cadena perpetua anteriormente).
Otros dirigentes europeos como el papa o el emperador Carlos V, quien veía en
él al mejor pensador del momento, presionaron para que se le perdonara la vida
y se la conmutara por cadena perpetua o destierro, pero no sirvió de nada y fue
decapitado en Tower Hill una semana después, el 6 de julio de 1535. Está
enterrado en una bóveda subterránea anexa a la capilla de San Pedro ad Vincula,
que se encuentra en la torre de Londres.
Mantuvo hasta el final su sentido
del humor, confiando plenamente en el Dios misericordioso que le recibiría al
cruzar el umbral de la muerte. Mientras subía al cadalso se dirigió al verdugo
en estos términos: I pray you, I pray
you, Mr Lieutenant, see me safe up and for my coming down, I can shift for
myself («Le ruego, le ruego, señor teniente, que me ayude a subir, porque
para bajar, ya sabré valérmelas por mí mismo»). Luego, al arrodillarse dijo:
«Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel; es decir, ella no ha sido
desobediente al rey, por lo tanto no hay por qué cortarla permítame que la
aparte». Finalmente, ya apartando su ironía, se dirigió a los presentes: I die being the King's good servant—but
God's first («Muero siendo el buen servidor del rey, pero de Dios
primero»).
Moro no fue el único que estuvo
en la encrucijada de si debía seguir al rey Enrique VIII o a la Iglesia de
Roma. El por entonces recién creado cardenal John Fisher también pasó por el
mismo trance; Enrique VIII le mandó el capelo cardenalicio cuando Fisher estaba
en prisión, y fue también ejecutado.
Su obra cumbre fue Utopía (1516), en la que aborda
problemas sociales de la humanidad, y con la que se ganó el reconocimiento de
todos los eruditos de Europa. Uno de sus inspiradores fue su íntimo amigo
Erasmo de Róterdam. La redactó durante una de las misiones asignadas por el rey
en Amberes.
El resto de sus obras es diverso
pero siempre va engarzado por el hilo común del ensalzamiento del idealismo y
la condena de la tiranía. Hay retratos de personajes públicos, como la Life of Pico della Mirandola ("Vida
de Pico della Mirandola"), en realidad traducción de la autobiografía de
este humanista italiano, reivindicador de la primacía de Platón frente a
Aristóteles, o como la Historia Richardi
Tertii (Historia de Ricardo III), una crítica despiadada (al oblicuo modo
de Moro) del tirano que asesinó a su hermano mayor y a los hijos pequeños de
Eduardo IV para asumir el máximo poder. Este trabajo se publicó en inglés y en
latín, aunque la versión latina es bastante más extensa que la inglesa y fue
por ello atribuida erróneamente al cardenal John Morton. Inspiró, sin duda, el Ricardo III de Shakespeare. El personaje
resulta, pues, en manos de Moro, un triste antihéroe de la degeneración
política, de la tiranía.
Compuso también poemas en lengua
inglesa, entre los cuales destacan sus sinceros epicedios al fallecimiento de
las reinas inglesas, y diversos epigramas de su juventud (Epigrammata) en los que brilla su pensamiento antiabsolutista.
Para Moro, según Antonio Poch, la
raíz de la tiranía se encuentra en la avaricia. La avidez de riquezas y la de
poder se alimentan y excitan mutuamente. El rey, si no quiere ser tirano, debe
por ello ser el buen custodio del rebaño que las impida:
¿Qué cosa es el buen príncipe? Es
el can custodio del rebaño, que ladrando ahuyenta a los lobos. ¿Y qué cosa es
el mal príncipe? Precisamente es el lobo / Quid bonus est princeps? Canis est
custos gregis... Quid malus? Ipse lupus (Epigramma IX)
El reino es como el cuerpo místico
de Cristo del cual el rey es cabeza: todos sus miembros están unidos por el
amor y deben socorrerse mutuamente: Populus sese pro rege... quilibet hunc
proprie corporis esse caput (Ep. XV). El príncipe bueno dirige a hijos libres,
el malo somete a siervos:
Aquellos que el tirano señorea
como siervos, el rey los estima como hijos / Servos tyrannus quos regit / rex
liberos... putat suos.
Mención importante dentro de su
obra merecen los diálogos-tratados que realizó en defensa de la fe tradicional atacando
duramente a los reformistas tanto laicos como religiosos. Entre este tipo de
obras se encuentran por ejemplo Responsio
ad Lutherum ("Respuesta a Lutero"), A Dialogue Concerning
Heresies ("Un diálogo sobre la herejía"), The Confutation of
Tyndale's Answer ("Refutación de la respuesta de Tyndale") o The
Answer to a Poisoned Book ("Respuesta a un libro envenenado").
Obras
Además de escritos en defensa de
la Iglesia de Roma, también escribió sobre los aspectos más espirituales de la religión.
Así, se encuentran escritos como Treatise
on the Passion ("Tratado sobre la Pasión de Cristo"), Treatise on the Blessed Body (Tratado
sobre el Cuerpo Santo), Instructions and
Prayers o De Tristitia Christi
("La Agonía de Cristo"). Este último manuscrito, redactado de puño y
letra de Tomás Moro en la Torre de Londres en el tiempo en que estuvo confinado
antes de su decapitación el 6 de julio de 1535, y salvado posteriormente de la
confiscación decretada por Enrique VIII, pasó por voluntad de su hija Margaret
a manos españolas y a través de fray Pedro de Soto, confesor del emperador
Carlos V, tuvo por destino Valencia, patria de Luis Vives, amigo íntimo de
Moro. Actualmente se conserva como parte de la colección que pertenece al museo
del Real Colegio del Corpus Christi de Valencia.
Otras obras que escribió son las
traducciones desde el latín que hizo de algunos diálogos de Luciano de
Samosata: El cínico, Menipo, La
necromancia y El tiranicida (al que añade una Responsio en que critica
acerbamente a los tiranos), así como varias cartas y pequeños textos: Letter to Bugenhagen, Supplication of Souls,
Letter Against Frith, The Apology,
The Debellation of Salem and Bizance,
A Dialogue of Comfort Against Tribulation,
Letter to Martin Dorp, Letter to
the University of Oxford, Letter to
Edward Lee, Letter to a Monk.
Tomás Moro fue beatificado junto
a otros 53 mártires (entre ellos John Fisher) por el papa León XIII en 1886, y finalmente
proclamado santo por la Iglesia católica el 19 de mayo de 1935 (junto con John
Fisher), por el papa Pío XI; y su fiesta se estableció el 9 de julio. Ese día
todavía es observado por los católicos tradicionalistas. Luego de una serie de
reformas post-Vaticano II, su fiesta fue cambiada y su nombre añadido al
santoral católico en 1970 para celebración el 22 de junio junto con John
Fisher, el único obispo (debido a las muertes naturales coincidenciales de ocho
obispos ancianos) que, durante la Reforma inglesa, mantuvo, por merced del rey,
lealtad al papa.
El 31 de octubre de 2000, Juan
Pablo II lo proclamó santo patrón de los políticos y los gobernantes, en
respuesta a una idea del expresidente de la República Italiana Francesco Cossiga
surgida en 1985, y presentada como petición formal el 25 de septiembre de 2000
con el aval de centenares de firmas de jefes de Gobierno y de Estado,
parlamentarios y políticos.
En 1980, Moro fue añadido al
calendario de Santos y Héroes de la Iglesia Cristiana de Inglaterra junto a
John Fisher como «mártires de la reforma».
Entre nosotros Moro se conmemora el 22 de junio junto con John Fischer y los mártires cartujos.
Fuentes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Tom%C3%A1s_Moro
https://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_More
lunes, 18 de junio de 2018
DOS UTÓPICOS: ERASMO DE ROTTERDAM Y STEFAN ZWEIG
Erasmo de Rotterdam
(Desiderio Erasmo de Rotterdam; Rotterdam, 1466 - Basilea, 1536) Humanista neerlandés de expresión latina. Clérigo regular de san Agustín (1488) y sacerdote (1492), pero incómodo en la vida religiosa (que veía llena de barbarie y de ignorancia), Erasmo de Rotterdam se dedicó a las letras clásicas y, por su fama de latinista, consiguió dejar el monasterio como secretario del obispo de Cambrai (1493).
Cursó estudios en París (1495) y, tras dos breves estancias en los Países Bajos (1496 y 1498), decidió llevar vida independiente. En tres ocasiones (1499, 1505-1506 y 1509-1514) visitó Inglaterra, donde trabó amistad con Jane Colet y Tomás Moro, en cuya casa escribió su desenfadado e irónico Elogio de la locura (1511), antes de enseñar teología y griego en Cambridge.
En París inició, con Adagios (1500), un éxito editorial que prosiguió en 1506 con sus traducciones latinas (de Luciano de Samósata y de Eurípides) y que culminó en Basilea (1515-1517 y 1521-1529) con sus versiones de Plutarco, sus ediciones de Séneca y de San Jerónimo y su gran edición del Nuevo Testamento (1516). Dicha edición, con texto griego anotado y su traducción latina (muy distinta de la Vulgata de San Jerónimo) le dio renombre europeo.
Si sus primeros diálogos Antibárbaros (1494) veían compatibles devoción y cultura clásica, en el Enquiridión (1504) defendía una audaz reforma religiosa. Fruto de las lecciones que había dado para vivir, sus manuales de conversación latina (1497) son el origen de los Coloquios familiares (1518), de gran difusión y resonancia. Fue la crítica de Lorenzo Valla a la versión de la Vulgata lo que le decidió a dedicarse, algo tardíamente, a las letras sagradas para reconciliar cultura clásica y teología (se doctoró en esta ciencia en Turín en 1508).
En sus viajes, Erasmo de Rotterdam visitó también Padua, Siena, Roma (1509) y diversas ciudades de Alemania (1514), en cuyos círculos humanísticos fue acogido de forma triunfal. El papa León X le dispensó de tener que vestir el hábito para que viviese en el mundo y fue nombrado consejero del emperador Carlos V, a quien dedicó la Institución del príncipe cristiano (1516).
Aunque inicialmente no le prestó gran atención, el crecimiento del problema luterano le hizo cada vez más difícil su insistente pretensión de neutralidad. Si en 1517 se había ido a Lovaina, en 1521 hubo de salir de la ciudad y volver a Basilea por lo insostenible de su situación (aun distanciándose claramente de Martín Lutero, insistía en ser no beligerante) y para guardar su independencia. Pero en 1524 lanzó su Disquisición sobre el libre albedrío, con una violenta respuesta de Lutero (Sobre el albedrío esclavo, 1526) y con su correspondiente réplica (Hyperaspistes, 1526). Y, pese a su neutralidad en la pugna de Enrique VIII de Inglaterra con el papa Clemente VII, su Ciceroniano (1527) refleja ya el desengaño de quien ve sus ideales contrariados por los hechos.
Implantada la Reforma en Basilea (1529), Erasmo dejó la ciudad por la misma razón que había dejado Lovaina y se retiró a Friburgo de Brisgovia. Sobre la buena concordia de la Iglesia (1534) es una obra en la que no parece poner sus ilusiones, y no hizo comentarios sobre la ejecución en Inglaterra de Juan Fisher y Tomás Moro (1535). El mismo año recomendó al papa Paulo III un tono conciliador en el futuro concilio y, desde Basilea (adonde había vuelto y de donde sus achaques no le dejarían salir), rechazó el cardenalato; de poco antes de morir es su obra Sobre la pureza de la Iglesia cristiana (1536).
Para unos hereje (que preparó el terreno a la Reforma), para otros racionalista solapado u hombre de letras ajeno a la religiosidad (un Voltaire humanista) y para otros gran moralista y lúcido renovador cristiano, Erasmo de Rotterdam quiso unir humanismo clásico y dimensión espiritual, equilibrio pacificador y fidelidad a la Iglesia; condenó toda guerra, reclamó el conocimiento directo de la Escritura, exaltó al laicado y rehusó la pretensión del clero y de las órdenes religiosas de ostentar el monopolio de la virtud.
Erasmo hizo pensar a los sabios de su tiempo, y también, gracias a su lenguaje sencillo y agradable, a la gente común de aquellos años. Pero en los últimos años de su vida, el mundo se había vuelto muy ingrato. Católicos y reformistas se enfrentaban unos contra otros, se mataban, torturaban, quemaban, y además, a veces se peleaban entre sí con tanto odio como si se tratara de los peores enemigos y no de compañeros de religión. Erasmo dijo hacia el final de sus días:
Todos tienen estas palabras en la boca: EVANGELIO — PALABRA DIVINA — FE — CRISTO — ESPÍRITU, pero veo a muchos de ellos comportarse como si estuvieran poseídos por el demonio.
En ese momento de locura universal, donde la razón era asesinada por la pasión y la justicia por la violencia, unos y otros cometían las peores atrocidades en nombre de Dios. Los soldados y cañones reemplazaron a los argumentos. Erasmo pudo saber que en París habían quemado a fuego lento a quien le traducía sus libros. En Inglaterra, sus dos amigos, John Fisher y Tomas Moro, habían caído bajo el hacha del verdugo, y su amigo suizo Zuinglio había sido matado a mazazos en el campo de batalla.
Ya no hay espacio para la libertad de pensamiento, para la comprensión y la tolerancia, es decir, ya no hay espacio para Erasmo.
En sus últimos días sintió que el amor a la humanidad y los ideales humanistas que habían llenado su corazón y su palabra, estaban completamente derrotados.
No nos extraña que Stefan Zweig haya escrito una novela biográfica con Erasmo como protagonista. Él también fue un hombre que sintió que ya no tenía lugar en el mundo.
Nació en Viena en 1881. Pertenecía a una acomodada familia judía. Inició su carrera literaria traduciendo a Charles Baudelaire y a E. Verhaeren.
Ante la I Guerra Mundial, abrazó el pacifismo y estrechó lazos de amistad con Romain Rolland. Se instaló en Salzburgo (1918) y, tras huir de Austria en 1934, se refugió en Londres.
En 1924 se publicaron sus poesías reunidas, marcadas por el influjo de Rilke y Verhaeren. Compuso obras teatrales, como Tersites (1907), La casa junto al mar (1911), Jeremías (1917) y La oveja del pobre (1939). Escribió asimismo novelas y narraciones: Primera experiencia (1911), Amok (1923), Confusión de sentimientos(1926) -conjunto formado por tres relatos largos, el más conocido de los cuales es Veinticuatro horas de la vida de una mujer, publicado primero en inglés-, Impaciencia del corazón (1938).
Su obra incluye también historias noveladas (Erasmo de Rotterdam, 1934; María Estuardo, 1935; Américo Vespuccio, 1942), y una serie de ensayos históricos y literarios, que constituyen sus obras más populares: Verlaine (1905), Verhaeren(1910), Romain Rolland (1920), Tres maestros (Balzac, Dickens, Dostoievski)(1920), La lucha contra el demonio (1925) y La curación por el espíritu (1931).
En 1942 la hegemonía alcanzada por las fuerzas hitlerianas en Europa lo sumió en una gran depresión. Sintió que su mundo había desaparecido y decidió quitarse la vida junto con su mujer durante su residencia en el Brasil.
- Añado un pasaje de su biografía de Erasmo de Rotterdam. El texto, publicado en 1934, me parece muy apropiado para nuestros días.
(…) la historia es injusta con los vencidos. No ama mucho a los hombres mesurados, a los mediadores y reconciliadores, a los hombres de la humanidad. Sus favoritos son los apasionados, los desmedidos, los bárbaros aventureros del espíritu y de la acción: de este modo ha apartado la vista casi despectivamente de este callado servidor de los sentimientos humanitarios. En el cuadro gigantesco de la Reforma, Erasmo se alza en último término. Dramáticamente cumplen los otros su destino, todos aquellos posesos de su genio y de su fe: Hus se asfixia entre las llamas ardientes; Savonarola es amarrado al poste de la hoguera en Florencia; Servet, arrojado al fuego por el fanático Calvino. Cada cual tiene su hora trágica: Thomas Münzer es tenaceado con tenazas de fuego; John Knox, clavado en su propia galera; Lutero, apoyándose ampliamente sobre la tierra alemana, lanza contra el emperador y el Imperio su amenaza de: "No puedo hacer otra cosa". A Thomas Moro y a John Fisher les ponen la cabeza sobre el tajo de los criminales; Zwinglio, acogotado por la maza de armas, yace en la llanura de Cappel: todos ellos figuras inolvidables, intrépidos en su creyente furor, extáticos en sus cuitas, grandes en su destino. Mas detrás de ellos prosigue ardiendo la llama fatal del delirio religioso; los destruidos castillos de la Guerra de los Aldeanos son testigos infamadores de aquel Cristo, mal comprendido, cada cual según su modo, por aquellos fanáticos; las ciudades arruinadas, las granjas saqueadas de la Guerra de los Treinta Años y de la de los Cien Años, estos panoramas apocalípticos claman a los cielos la sinrazón terrena del "no querer ceder". Pero en medio de este tumulto algo detrás de los capitanes de esta guerra eclesiástica, y claramente alejado de todos ellos, nos contempla el fino semblante de Erasmo, levemente sombreado de duelo. No está amarrado a ninguna picota de martirio, su mano no aparece armada con ninguna espada, ninguna ardiente pasión abrasa su semblante. Pero claramente se destaca su mirada, azul, luminosa y tierna, inmortalizada por Holbein, y, a través de todo aquel tumulto de pasiones colectivas se dirige hacia nuestra época, no menos agitada. Una serena resignación sombrea su frente — ¡ay, conoce la eterna stultitia del mundo!—, mientras que una leve y muy delicada sonrisa de confianza se muestra en torno a sus labios. Lo sabe, en su experiencia; es propio del modo de ser de todas las pasiones el llegar a fatigarse. Es destino de todo fanatismo el agotarse a sí mismo. La razón, eterna y serenamente paciente, puede esperar y perseverar. A veces, cuando las otras alborotan, en su ebriedad, tiene que enmudecer y guardar silencio.
Pero su hora llega, vuelve a llegar siempre.
Fragmento de “ERASMO DE ROTTERDAM, TRIUNFO Y TRAGEDIA”
de Stefan Zweig
miércoles, 13 de junio de 2018
Bartolomé Esteban Murillo
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| San Antonio de Padua por Murillo |
https://es.wikipedia.org/wiki/Bartolom%C3%A9_Esteban_Murillo
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